¿Cómo nació el alfabeto? (XXIII)

La letra V

Los dos nombres que la v, vigésima quinta letra de nuestro alfabeto, tienen en español, uve y ve, delatan su trayectoria en el pasado y sus dificultades ene le presente. En primer lugar, uve hace referencia a su secular confusión con la u, ya que, en realidad quiere decir «u que hace de ve“raquo;; por otro lado, la denominación ve, bastante desconocida, remita a la b y pone de manifiesto su condición de letra redundante, que ha hecho que muchos se planteen su posible supresión del alfabeto español.

Históricamente, el origen de la letra v se encuentra en un dibujo de la escritura hierática egipcia que recuerda a una maza. Cuando los fenicios crearon su alfabeto, la llamaron vau y la representaron mediante unos trazos semejantes a los de la actual Y. Tras ser usada por los griegos y etruscos, en el alfabeto latino adquirió la forma que hoy tiene, pero con la particularidad de que servía indistintamente para representar la V y la U, ya que los romanos no distinguían entre v vocal (u) y v consonante (v). El emperador romano Claudio (10 a. C.–54) quiso implantar una letra nueva para resolver el doble uso como vocal y consonante de la v, pero su sugerencia no encontró eco. Así, la confusión entre u y v se mantuvo hasta la llegada de la imprenta. A finales sel siglo xvi, el holandés Louis Elzevir distinguió tipográficamente la U y la V mayúsculas, y en 1619 el alemán Zetner marcó la diferencia entre las minúsculas.

Tras este breve repaso de la historia de la v, podemos entender mejor el nombre de uveu que hace de ve»), que en realidad es reciente, pues, según cuentan Gregorio Salvador y Juan Lodares en su Historia de las letras, apareció en el diccionario en 1947.

Por su parte, la denominación ve de la v nos remite a su pronunciación, que es idéntica a la de b, pues las dos letras corresponden al mismo fonema /b/. Por eso, como otros muchos, José Martínez de Sousa dice en su Reforma de la ortografía española que la v «debe desaparecer del alfabeto español en lo que se refiere al uso ordinario, porque su sonido está perfectamente representado por la letra b», aunque apunta que hay que mantenerla por su valor extraortotipográfico para representar palabras o símbolos, como ocurre, por ejemplo, con las v de voltio (V) o de voltamperio (VA).

La redundancia del español con la b y la v tiene sus raíces en el latín, donde sí había distinción en la pronunciación de ambos signos, igual que hoy existe en idiomas como el francés, pero esta diferencia no es propia del español moderno. En realidad, esto se ha reconocido solo muy recientemente, pues la propia Academia mantuvo hasta el año 1911 que b y v tenían sonidos distintos, quizá siguiendo el criterio que, por influjo del latín, defendió antes Nebrija.

En su Manual de pronunciación española, Navarro Tomás dice que el sonido labiodental de la v, propio del francés, es extraño al español, y «hoy solo pronuncian la v labiodental algunas personas demasiado influidas por prejuicios ortográficos o particularmente propensas a la afectación», aunque exceptúa a los valencianos, mallorquines y catalanes, «que no lo hacen por énfasis o cultismo, sino por espontánea influencia fonética de su lengua regional».

Y si son muchos los que ponen en entredicho la presencia de la v en nuestro alfabeto, aún son más quienes cuestionan la de la w, que se usa exclusivamente para palabras de procedencia extranjera, con la excepción de los nombres propios de personajes godos. Pese a la cada vez mayor penetración de anglicismos y aunque aparecía en el Diccionario desde el año 1925, no se convirtió en la vigésima sexta letra de nuestro alfabeto hasta 1970, cuando la Academia la incluyó en su Esbozo de Gramática.

Los detractores de la uve doble argumentan que el sonido de este signo ya está representado por otras letras –se pronuncia como u en palabras de origen inglés, y como b en los vocablos de origen alemán– y que apenas se emplea en español. Martínez de Sousa, que se encuentra entre quienes abogan por su supresión, le reconoce, no obstante, un estatuto especial en lo que respecta a su uso extraortográfico, presente por ejemplo en su uso como símbolo de watio (W).

Aunque Nebrija distinguía la pronunciación entre vy b, esta diferencia no existe en nuestro idioma. Por eso algunos, como José Martínez de Sousa, proponen suprimir la v del alfabeto español y sustituirla siempre por la b.

Mención aparte merece el valor de 5 que tiene la v como letra numeral: según unos, se debe a la palabra latina qvinqve, que lleva dos v; según otros, a que, formalmente, V es la mitad de X, que equivale a 10.

Javier Elduayen

Historia de la letra v

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *