¿Cómo nació el alfabeto? (XXII)

La letra U

La u, vigésima cuarta letra del alfabeto español y última de sus vocales, es uno de los signos del alfabeto que más tarde han adquirido carta de independencia. El hecho, en cierta forma, está relacionado con su propio origen, que comparte con la v y con la y, y tuvo como consecuencia que durante mucho tiempo se escribiera igual que esta última letra.

Tanto la u como la y y la v proceden de un signo de la escritura hierática egipcia que representaba una maza. Cuando crearon su alfabeto, los fenicios llamaron a esta letra vau y le dieron un aspecto parecido al que tiene la y actual. Por su parte, los griegos apenas la cambiaron, con excepción, por supuesto, de la misma modificación que hicieron a todos los signos: girarla hacia la derecha.

Los etruscos la representaron ya como una v y así fue como la escribieron también los romanos, que no distinguían entre v vocal (u) y v consonante (v). Por ejemplo, las palabras con las que Julio César anunció su rápida victoria sobre Farnaces, rey del Ponto. «veni, vidi, vici» (llegué, vi, vencí). Los latinos las pronunciaban como si fueran una u (ueni, uidi, uiki); es decir, escribían una v para representar una u.

Para resolver su doble uso como vocal y consonante, que era una fuente de confusiones, el emperador romano Claudio (10 a. C.–54) creó una nueva letra, un signo semejante a una digamma invertida. Sin embargo, aunque era inteligente y clarificadora, su propuesta apenas tuvo segruidores y fracasó.

En algunas inscripciones del siglo iv de nuestra era la u y la v aparecen diferenciadas, pero solo de forma esporádica. Durante la Edad Media, la U se puede ver escrita indistintamente como u o como v; con la particularidad, en lo que concierta a la escritura alemana medieval, de que a veces se representa con un apóstrofo o coma supraescrita; es lo que ocurre, por ejemplo, en la palabra Conrad’, para escribir Conradus.

De alguna manera, la independencia de la v tuvo lugar con el afianzamiento de la imprenta. En efecto, a finales del siglo xvi, el tipógrafo Louis Elzevir, perteneciente a una célebre familia de impresores y libreros holandeses, fue el primero que estableció la diferencia tipográfica entre U y V mayúsculas, igual que también hizo entre la I y la J. Unos años más tarde, en 1619, el alemán Zetner distinguió las formas minúsculas u y v.

En España la confusión existente entre u y v no se despejó de forma definitiva hasta el siglo xviii, con la publicación del Diccionario de la lengua castellana, más conocido como Diccionario de autoridades, cuyos 6 volúmenes fueron impresos entre los años 1726 y 1739 por Francisco del Hierro.

En su Manual de pronunciación española, Navarro Tomás describe así la articulación de lo que él llama «u cerrada», y la diferencia de la u abierta, u relajada, u semivocal y u semiconsonante: «Los labios forman una abertura ovalada relativamente pequeña; separación de las mandíbulas, unos 4 milímetros entre los incisivos; la lengua se recoge hacia el fondeo de la boca, elevándose más que en la o, por su parte posterior, contra el velo del paladar; la punta de la lengua, al nivel de los alvéolos inferiores, se separa un poco de estos o solo los roza suavemente, manteniéndose como suspendida en el hueco de la mandíbula inferior; tensión muscular, media».

En español, la u a veces no representa ningún fonema, y actúa como simple relleno obligado por las normas ortográficas. Así ocurre cuando forma los dígrafos gu y qu: es muda después de g y q y antes de e y de i.

Y, a parte, tiene la particularidad de poder llevar diéresis, que en español se coloca en los grupos gue y gui para indicar que ese sonido se pronuncia, como pasa en las palabras antigüedad y lingüística.

Además de una letra, gramaticalmente la u es una conjunción disyuntiva que se usa en vez de o, para evitar el hiato delante de palabras que comienzan por o o por ho, como por ejemplo en «minutos u horas», «siete u ocho». Por cierto, en calidad de conjunción, la u sufrió en 1911 un cambio ortográfico, ya que ese año la Real Academia dispuso que se suprimiera el acento que hasta entonces llevaba.

Queda por decir que la u, a causa de su sonido oscuro, y en contraste con la alegría de la otra vocal débil, la i, se ha asociado casi siempre con el miedo y todo lo misterioso. El uso más frecuente se ha dado en el mundo del cómic y, en este sentido, son conocidos los bocadillos de las viñetas de Mickey Mouse y otros tebeos e ilustraciones, en los que los fantasmas suelen asustar así: ¡Uuuuuuu!

Javier Elduayen

Historia de la letra u

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