¿Cómo nació el alfabeto? (XVIII)

La letra Q

La q procede del signos fenicio qof, palabra semítica que algunos han traducido como «ojo de aguja» por su semejanza con la latra hebrea quf («aguja») y porque, formalmente, ven en ella una o (en fenicio, ayin, «ojo») de la que se desprende una línea que parece una aguja. Cuando los griegos adoptaron el alfabeto fenicios, la llamaron qoppa, pero ocurrió que, como tenían además de este otro dos signos –kappa y gamma– para representar el mismo sonido, la suprimieron. Sin embargo, esto no se produjo en los dialectos helenos occidentales, que fue de donde los etruscos tomaron el alfabeto. Es por tanto la causa que explica por qué, aunque había desaparecido en Grecia, la q existía entre los romanos; igual que el resto de las letras, hacia el siglo vii a. C. estos la conocieron y asimilaron gracias a los habitantes de Etruria.

La polémica ha acompañado siempre a la q, desde su aparición en el latín. Quintiliano, por ejemplo, la calificaba de ociosa, al contrario que Terencio, que la consideraba necesaria. Ya en nuestro país, algunos, como Nerbrija, querían eliminarla, por estimarla inútil, y reemplazarla por la c. Otros, entre quienes podemos citar a Mateo Alemán, proponían quitarle la u y escribir, por ejemplo, qe y qerido por que y querido. Finalmente, un tercer grupo, partidario de seguir un criterio etimológico, pretendía darle mayor protagonismo, al anotar quaresma y questión por cuaresma y cuestión, entre otras palabras.

En nuestros días, como representantes de bandos opuestos podemos destacar, por un lado, a José Martínez de Sousa, que en su Reforma de la ortografía española propone suprimirla. Por el otro, a Gregorio Salvador, miembro de la Real Academia Española, que en esta institución ocupa precisamente el sillón «Q» y coautor de Historias de las letras, libro en el que defiende el uso y la permanencia de la letra q.

La clave de la polémica –y a la vez la causa que le ha hecho tener numerosos detractores– estriba en que la simplicidad por la que fonéticamente destaca el español se pierde con la q, pues el uso de este signo es redundante respecto a la c y la k para el fonema /k/. Dicho de otra forma, esto significa que la existencia de la q hace que haya dos letras para representar el sonido oclusivo velar sordo: seguida de u muda, la q representa ante e, i el mismo sonido que la c ante a, o, u y que la k ante cualquier vocal.

En nuestro idioma, la q solamente se usa ante la e o la i mediante la interposición de la u, vocal que no se pronuncia y con la que forma el dígrafo (grupo de dos letras que representan un solo sonido) qu.

En su Manual de pronunciación española, Navarro Tomás describe así la articulación del fonema velar oclusivo sordo que representa: «Posición de los labios y de las mandíbulas según los sonidos contiguos; el postdorso de la lengua se eleva contra el velo del paladar, cerrando por completo la salida del aire espirado; la punta de la lengua desciende aproximadamente hasta las encías de los incisivos inferiores; velo del paladar: cerrado; glotis: sorda; explosión: un poco más débil que en p, t».

El diccionario de la Academia dice que el nombre de la q es cu, lo que le otorga la particularidad de ser una de las dos únicas letras del alfabeto español –la otra es la equis– que no interviene en la composición de su nombre.

Hasta hace relativamente poco, la presencia de la q en distintas palabras españolas denotaba el apego a la tradición y, por el contrario, había cierta reticencia a usar la k por considerarla representativa de los novedoso o lo foráneo, pero hoy las cosas están cambiando. Como ejemplo elocuente de esto podemos tomar las voces kilómetro y quilómetro: visualmente, la primera la tenemos perfectamente asimilada, pero la segunda nos parece ya arcaica, pese a que sigue vigente en el diccionario y, por tanto, es correcta. En otras palabras, como quiosco y kiosco, quimono y kimono, la pugna aún no se ha resuelto y ambas nos parecen válidas.

Finalmente, dos curiosidades relacionadas con la q. En primer lugar, decir que, durante la Primera Guerra Mundial, la marina aliada, especialmente la inglesa, creó los llamados buques tipo Q, unos barcos disfrazados: aparentemente, eran normales e inofensivos, pero iban muy bien pertrechados para combatir contra los submarinos alemanes.

En segundo lugar, anotar esta otra acepción que recoge el diccionario de la palabra cu: «Voz usada por los cronistas para designar el templo o adoratorio de los indígenas prehispánicos en Mesoamérica».

Javier Elduayen

Historia de la letra q

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